La Cámara de Diputados recordó los 30 años de la reforma constitucional de 1994

A 30 años de la reforma constitucional realizada en nuestro país en 1994, protagonistas de la Convención Constituyente de entonces recordaron lo que fue esa tarea y analizan los desafíos pendientes.

La “Jornada Aniversario de la Reforma Constitucional 1994-2024”es organizada por la Cámara de Diputados de la Nación (HCDN) y el Instituto de Capacitación Parlamentaria (ICaP), con el propósito reflexionar acerca del camino que condujo a ese hecho histórico, concibiéndolo como producto del consenso político y programático entre las dos principales fuerzas partidarias de aquel entonces.

Con la presencia del presidente de la Cámara baja, Martín Menem, durante el primer panel expusieron Eduardo Menem, quien fue presidente de la Convención Constituyente del ’94, y los convencionales constituyentes Horacio Rosatti, actual presidente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación; Jesús Rodríguez y Augusto Alasino, entre otros.

Las palabras de apertura estuvieron a cargo del actual presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem, quien hizo referencia al consenso logrado que fue votado por unanimidad.

Menem hizo referencia a la ampliación del período de sesiones ordinarias -antes eran entre el 1 de mayo y el 30 de septiembre, hoy es entre el 1 de marzo y el 30 de noviembre- y luego señaló que hay algunas normas que aún no se establecieron, en particular “la ley de coparticipación, que en un futuro pronto se deberá debatir”.

El primer panel lo encabezó Eduardo Menem, quien mantuvo: “Esta reforma fue única en la historia. Aprobada por unanimidad y jurada por todos los convencionales en aquella histórica jornada del 24 de agosto de 1994 en el Palacio San José de Urquiza”.

El expresidente provisional del Senado valoró el “trabajo extraordinario” que realizaron hace 30 años los convencionales constituyentes y luego repasó que en Argentina “tuvimos una historia constitucional muy complicada”.

“Dos Constituciones sancionadas que no se pusieron en vigencia, la de 1819 y la de 1826” porque “eran muy unitaristas”; después “la de 1853, que fue la de los padres fundadores, una Constitución de avanzada, pero que se hizo sin la participación de la provincia de Buenos Aires. Además no fue tan democrática porque los convencionales eran elegidos a dedo”, dijo.

Más tarde se dio una reforma en 1860, donde “se incorpora Buenos Aires y otras normas importantes”; la reforma de 1866 “fue muy breve” y “no hubo más reformas hasta 1949, la cual fue cuestionada porque la convocatoria no se había sancionado por dos tercios del total de los presentes de ambas cámaras”. “En la Convención hubo un retiro masivo de los convencionales de la oposición”, recordó.

Menem señaló que esa última reforma “fue derogada por un bando militar” que derrocó a Juan Domingo Perón, quienes “tuvieron además la audacia de convocar a una convención constituyente, con la proscripción del peronismo, que se hizo en 1957”. En esa ocasión, “hubo también un retiro masivo, pero se alcanzó a sancionar el artículo 48 bis que era la incorporación de los derechos sociales, que en el ’94 lo ratificamos”.

“La reforma de 1994 significó un quiebre en esa especie de maleficio en nuestra historia constitucional, donde no se podía sancionar una reforma con el consenso de las fuerzas políticas. Fue como un exorcismo”, expresó el hermano del fallecido expresidente Carlos Saúl Menem, en cuyo gobierno se sancionó la última Carta Magna.

Menem aseguró que “tanto el peronismo como el radicalismo eran partidarios de la reforma constitucional, aunque diferían en algunos detalles”. “Los políticos argentinos somos muy difíciles, somos muy pasionales en las disputas”, expresó. Por eso, sobre la Constitución, insistió que “fue la más democrática y legítima de la historia, porque se integró con el pluralismo de 19 bloques políticos”.

Todos los congresales que participaron hicieron un repaso histórico de lo que fue ese momento, con un eje fundamental en un punto poco presente en la discusión actual: el consenso y los acuerdos políticos.

El radical Jesús Rodríguez hizo referencia a esto al señalar que el “enemigo de la democracia es la intolerancia, el que no admite la discusión”.

“Tengo algunas dudas cuando en el debate político se animaliza al opositor, se deshumaniza al adversario, cuando se desprecia o agravia a un poder de la República, este que hoy nos alberga por ejemplo. Y me inquieta también un poco cuando desde la cima del poder se señala que algunos artículos de la Constitución hoy son el cáncer de la Argentina”, apuntó, en clara referencia a los dichos de Javier Milei.

Por su parte, Alasino hizo referencia a que “hay que decirle al Presidente que la Constitución de Alberdi es la del 63″. Luego señaló que lo más importante es que incorpora “el derecho a la resistencia. No sólo a los militares sino a quien invade otros derechos”.

En tanto, Rosatti hizo un recorrido por el anecdotario de la Asamblea Constituyente, haciendo énfasis en el espíritu de “amistad cívica y camaradería. Era un mundo distinto, había mucha menos tecnología pero más diálogo. Hoy tenemos más tecnología y creo que tenemos menos diálogo”. El legado de la reforma del 94, a las que catalogó como “muchos y muy buenos, es el acuerdo, el consenso previo y durante la Asamblea. Fue el último gran acto de la política con mayúscula. Grieta había antes y hubo después, pero la pudimos poner entre paréntesis”.

Más allá de los recuerdos y las anécdotas, los oradores plantearon que la amistad cívica y social fue lo que se impuso en toda la discusión durante el proceso que se llevó adelante en la ciudad de Santa Fe y que terminó con la Constitución Nacional que aún rige en la Argentina.