Giorgia Meloni: cómo la realidad de ejercer el cargo se impuso al radicalismo de la Primer Ministra italiana

Hace un año, muchos analistas políticos y expertos temían que el Gobierno de la Primera Ministra italiana, Giorgia Meloni, fuera radical. No sólo por las raíces de su partido en la extrema derecha, sino también porque llegó al cargo prometiendo grandes cambios.

Un año después, Meloni no ha dejado de provocar guerras culturales. La amarga disputa sobre los derechos de adopción para las parejas del mismo sexo es un buen ejemplo. Sin embargo, en términos legislativos «los cambios» han sido mucho menos disruptivos de lo esperado. La necesidad de proyectar una determinada imagen ante los socios internacionales y la falta de margen de maniobra fiscal en casa han hecho que intente alejarse de su imagen de extrema derecha.

En materia de asuntos exteriores y seguridad, el gobierno de Meloni ha seguido el mismo camino que su predecesor, la administración de Mario Draghi. Meloni se ha ceñido a una línea firmemente proestadounidense y pro OTAN, tanto en lo que respecta a Ucrania como al conflicto entre Israel y Hamás.

Tarde o temprano (y generalmente antes), todos los gobiernos italianos de la posguerra han llegado a la misma conclusión de que los intereses del país se sirven mejor manteniéndose cerca de Estados Unidos y la OTAN, así como permaneciendo «en el corazón de Europa». En este sentido, el ejecutivo de Meloni no es una excepción.

Desde que asumió el cargo, Meloni ha hecho todo lo posible por convencer a sus aliados estadounidenses de sus credenciales de «moderada». Lo mismo sucedió cerca de casa, en Europa, donde en el último año ha cultivado una relación amistosa con Ursula von der Leyen, Presidenta de la Comisión Europea. Claro, es una posición que tiene sentido desde el punto de vista financiero, ya que Italia es el país que recibe la mayor parte del fondo de recuperación pospandémica NextGenerationEU de la UE.

Desde el punto de vista político, la Primer Ministra Meloni también necesita mantener a la Comisión de su lado si quiere que la UE asuma un papel más importante en la gestión de la inmigración y la solicitud de asilo en su frontera meridional. En otras palabras, Italia no puede permitirse ahora una relación conflictiva con las instituciones de la UE, y es evidente que Meloni lo entiende.

Después de tanta política, finalmente están los mercados financieros internacionales. Ser visto como un líder irresponsable y extremista conlleva riesgos reales para el primer ministro de un país que depende en gran medida de los inversores extranjeros para ayudar al servicio de una carga de deuda global de más del 140% del PIB.

En Italia aún está fresco el recuerdo de la pérdida de la mayoría parlamentaria por parte del anterior gobierno de derechas en 2011, debido a las considerables turbulencias financieras. La primera experiencia de Meloni en un cargo ejecutivo (como ministra de Juventud) fue como miembro de ese Gobierno -que dirigía un tal Silvio Berlusconi-, por lo que es probable que tampoco lo haya olvidado.

¿Camino a un choque?

Sin embargo, la aparente prudencia y moderación de Meloni no concuerdan con las promesas que hizo a los votantes antes de su elección, lo que podría ponerla en una situación más que incómoda frente a sus propios partidarios y seguidores.

Un ejemplo de sus propuestas radicales de campaña, fue cuando se comprometió a establecer un «bloqueo naval» para repeler a las embarcaciones con inmigrantes y solicitantes de asilo que viajan a Italia desde el norte de África. Esto se sustituyó por un acuerdo por el que la UE se comprometía a pagar a Túnez para que reforzara sus fronteras e impidiera las salidas. Ahora ni siquiera este acuerdo está en pie. Mientras tanto, el Ministerio del Interior de Meloni informa de que el número de llegadas por mar casi se ha duplicado desde 2022, y casi triplicado desde 2021.

Las cosas tampoco parecen más fáciles para Meloni en el frente económico. A muchos de sus votantes se les hizo creer que su Gobierno iba a revertir una reforma del sistema de pensiones aplicada en 2011, y que podrían jubilarse antes. Pero Giancarlo Giorgetti, ministro de Economía, dice ahora que, después de todo, no habrá una reforma integral del sistema de pensiones. Por el contrario, ha advertido de que, dado que se prevé que el gasto total en pensiones aumente casi un 8% en 2023, es esencial un control estricto del gasto público.

Los partidos populistas de derecha radical son cada vez más partidos de gobierno en toda Europa. Sin embargo, están sujetos a las mismas limitaciones externas que cualquier otra administración. En el caso de Italia, el Gobierno del país necesita mostrar contención fiscal para mantener contentos a los mercados financieros, y sabe que una buena relación con la Comisión de la UE es esencial para su éxito.

Por todo lo anteriormente expuesto, dada la amplitud y la rapidez con la que las promesas hechas durante la campaña electoral de 2022 están siendo archivadas, el gobierno de Meloni corre el riesgo de dar a los votantes de derechas la impresión de ser mucho hablar y nada hacer. Esto plantea una incógnita frente a Meloni. Dados los niveles de volatilidad electoral en Italia, lo último que puede permitirse la Primer Ministra es dar por propios a sus partidarios.

Por Daniele Albertazzi
Catedrático de Política y codirector del «Centre for Britain and Europe» de la Universidad de Surrey

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation: https://theconversation.com/giorgia-meloni-how-the-realities-of-office-trumped-the-italian-prime-ministers-radicalism-216197#

Traducción: Juan Romero