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El Senador Rodas organizó la exposición “Enrique Shaw y Berazategui, la ciudad del vidrio”

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El Senador Rodas organizó la exposición “Enrique Shaw y Berazategui, la ciudad del vidrio”

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Entre los días 22 y 26 de agosto, en el Salón de las Provincias del Senado de la Nación, se realizará la exposición “Enrique Shaw y Berazategui, la ciudad del vidrio”, organizada por el Senador nacional Antonio José Rodas.

Vale recordar que en abril del año pasado, El Papa Francisco declaró Venerable, primer paso para la beatificación, al empresario de Berazategui Enrique Ernesto Shaw, quien fue ejecutivo de las Cristalerías Rigolleau y poco tiempo después llegó a ser Gerente General de la compañía local y a conformar distintos directorios de otras empresas.

Tras la publicación del decreto papal, en el que Santo Padre reconoce las virtudes heroicas de Shaw, se da paso al estudio en Roma de un presunto milagro atribuido a su intercesión para continuar camino a convertirse en beato, paso previo a ser Santo, en el proceso de canonización.

Su biografía informa que fue hijo de los padres argentinos, Sara Tornquist y Alejandro Shaw, pero Enrique Ernesto Shaw nació en París el 26 de Febrero de 1921. En el año 1923, su familia regresó al país.

Su madre falleció cuando Enrique tenía cuatro años, pero su esposo cumplió el deseo póstumo de Sara y confió su formación religiosa a un sacerdote Sacramentino.

En el Colegio de La Salle de Buenos Aires fue un alumno sobresaliente. Pero lo que más distinguió a Shaw era su profunda fe religiosa: comulgaba diariamente y era miembro directivo de la Congregación Mariana.

A principios de 1936, después de cumplir 14 años, ingresó en la Escuela Naval Militar, a pesar a la oposición de su padre. Fue principalmente en los rigurosos mares del Sur donde ejerció una comprometida labor apostólica, dando un fuerte testimonio de fe. Figuró entre los tres mejores promedios de su clase y fue el más joven de los graduados hasta entonces en la institución.

Enrique fue siempre muy buen lector y buscaba ansiosamente responder a sus inquietudes. Autodidacta desde muy joven, a los 16 años comenzó a leer libros de economía, política, filosofía, historia y ciencia. Pero en ninguno de estos libros encontró la respuesta que él necesitaba. Una tarde del verano de 1939, en un folleto sobre Doctrina Social de la Iglesia, finalmente encuentra lo que estaba buscando. Él siempre llamó a esto su “conversión”.

Entre las amigas con las que sale y visita durante sus licencias en Buenos Aires, hay una que le llama especialmente la atención: Cecilia Bunge. Con ella se casa en 1943 y el matrimonio tiene nueve hijos.

En 1945 fue enviado por la Marina a la Universidad Estatal de Chicago (EE.UU.) para estudiar meteorología. Pero fue en ese año, cuando ya su familia estaba constituida y creciendo, en que se produjo un cambio notable en el rumbo de su vida: Enrique vio que Dios le pedía de ahora en más un apostolado específico. En un principio creyó que debía hacerse obrero, pero un sacerdote lo persuadió para que llevara el evangelio al mundo empresario al cual pertenecía su familia.

Toma esta nueva dirección, renuncia a la Marina y de regreso a la Argentina, se inicia como ejecutivo de las Cristalerías Rigolleau, en Berazategui, poco tiempo antes de que la ciudad comenzara a conformar los primeros movimientos vecinales para avanzar en el proceso de autonomía.

Shaw llegó a ser Gerente General y a conformar distintos directorios de otras empresas. Durante esos años fue formando una espiritualidad propia relacionada con su vocación de empresario cristiano: “Como empresario: sembrar esperanza. Ver la realidad. Renunciar al beneficio aparente del momento. Ser un puente entre quienes conocen el problema, y el ´sumergido´ que piensa en su problema inmediato”.

Se incorporó a la Acción Católica y al Movimiento Familiar Cristiano.
En 1946 el Episcopado le encarga organizar con otros empresarios la ayuda a la Europa de post-guerra e intenta crear una entidad para que los empresarios “sean más cristianos”. Gracias al estímulo del Canónigo Cardijn concreta su aspiración y en 1952 funda ACDE (Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa) de la cual es su primer Presidente. Despliega así, una intensa acción evangelizadora dirigida a la clase empresaria tanto del país como de América Latina donde extiende el movimiento empresarial de UNIAPAC nacido en Europa pocos años antes. Que en la empresa- escribió- haya una comunidad humana; que los trabajadores participen en la producción y, por lo tanto, darle al obrero el sentido de pertenencia a una empresa. Ayudarlo a adquirir el sentido de sus deberes hacia la colectividad, el gusto por su trabajo y, por lo tanto, de la vida. Ser ¨patrón¨ no es un privilegio, es una función.¨

En 1957 se le descubre un cáncer. Inicia una tenaz lucha contra la enfermedad. Sin embargo esto no le impide mantener una intensa actividad participando en congresos, dictando conferencias, editando publicaciones, elaborando su diario y manuscritos. En estos últimos, empieza a despuntar el perfil de un hombre que va uniéndose cada vez más a Cristo: ¨ No basta con hacer las cosas bien, o tal vez muy bien. Es necesario estar totalmente entregado a Cristo, pensar si cada acto está de acuerdo con las intenciones del Corazón de Cristo¨.

En 1958 integra el primer Consejo de Administración de la Universidad Católica Argentina. Participa en la fundación de Caritas y del Serra Club. Es Presidente de los Hombres de Acción Católica. Organiza una librería a la que llama “Casa del Libro”: una iniciativa apostólica para difundir temas de espiritualidad, de la Doctrina Social de la Iglesia, y otras cuestiones éticas y culturales.

Su salud empeora en 1962 pero no declina hasta el final su labor como dirigente.

Pocas semanas antes de morir, en una reunión con el personal de la empresa, agradece a todos, especialmente a los obreros, los que donaron sangre para sus intervenciones quirúrgicas.

Viajó a Lourdes a pedido de los suyos, para pedir el milagro de su curación. Pero él ofreció su vida por familiares y amigos.

Fallece el 27 de Agosto de 1962, a los 41 años, tras dolorosos padecimientos que enfrentó con entereza, coraje y una profundidad cristiana conmovedora.

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