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APUNTES PARA UNA REFORMA IMPOSITIVA

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APUNTES PARA UNA REFORMA IMPOSITIVA

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Por Alberto Enrique Devoto*

Un tema recurrente de la retórica ampulosa, es la cuestión de la reforma impositiva. Si hacemos memoria, en la campaña electoral de 2019 (¿fue en el 2019? Parece que hicieran veinte años…) las dos principales fuerzas, sin perjuicio de la pobreza conceptual de sus propuestas, expresaban la necesidad de una reforma impositiva (entre otras reformas) y de yapa, la importancia de preservar y fortalecer el federalismo (esto siempre hay que recordarlo en un país que ostenta el federalismo más unitario que se haya conocido)
A su vez, ello se ve facilitado porque, sin dudas, hay consenso de que el sistema impositivo es demasiado complejo y constituye una pesada carga para facilitar un funcionamiento razonable de la economía. Parece un verdadero laberinto, del cual es difícil salir y si bien, como señalé, las distintas corrientes políticas coinciden en la necesidad de cambios, ninguna parecía tener, no digamos un proyecto, pero al menos ideas que dieran una pista de lo que piensan al respecto. En rigor no se pasa de enunciados.
Durante el último tramo de la gestión del gobierno anterior, se tomó una decisión, con tufo electoralista, que afectó a muchas provincias que se vieron compelidas a recurrir a la justicia.
Lo destacable de esa acción es que produjo una interesante intersección entre política fiscal y federalismo. Y todavía más notable la Suprema Corte de Justicia de manera sorprendentemente rápida, determinó, sin resolver el tema de fondo, que una reducción del IVA y del impuesto a las ganancias no puede afectar los fondos de coparticipación que corresponden a las provincias.
Por supuesto, esta decisión de la Corte suscitó las esperables opiniones encontradas, laudatorias de los beneficiados y negativas de los otros, pero, como no tengo formación jurídica no estoy en condiciones de opinar sobre el mismo.
Como ahora parece que el Gobierno estaría por presentar un proyecto de reforma impositiva, me parece que es una oportunidad para aportar una idea, que conjugue reforma impositiva con federalismo. Empezando por el tema de la coparticipación.

Me permito recordar que la Coparticipación Federal de Impuestos es el sistema establecido por la Constitución Nacional con el objeto de coordinar la distribución del producido de los tributos impuestos por el estado federal, en virtud de una delegación efectuada por las provincias a la Nación. Esta debe recaudar, retener su parte y redistribuir el resto entre aquellas, incluida la Ciudad Autónoma de Buenos Aires
El instituto se encuentra reglado en la Constitución Nacional de 1994 principalmente en el artículo 75, inc.2. A su vez, la Clausula Transitoria Sexta dispone que el régimen de coparticipación y la reglamentación del organismo fiscal federal, debían ser establecidos antes de la finalización del año 1996.
Esto último no solo no se cumplido, sino que parece muy difícil que se pueda llegar a un acuerdo, porque además de exigir la aprobación por una mayoría absoluta en ambas Cámaras, deberá ser aprobado por todas las legislaturas provinciales.
Vista la estructura impositiva y la pesada carga que representa, y teniendo en cuenta la necesidad de atender un gasto público elevado y rígido, además de la fuerte restricción mencionada en materia de coparticipación, no parece factible abordar el tema de manera convencional.
No hay dudas que este asunto es uno de los que más dificultaría la viabilidad de una reforma impositiva. Es la parte esencial del laberinto.
Sin embargo creo que habría un camino más sencillo y con mucho más contenido federalista, que puede dar un principio de solución. Algo así como aquel dicho que del laberinto solo se puede salir por arriba, o por un atajo como lo que voy a exponer.
En efecto, ¿porque no dar vuelta el planteo?
Las Provincias deberían ser las responsables de establecer la política impositiva que les permita afrontar los gastos, y no como ahora estar dependiendo de la buena voluntad del Gobierno Nacional aparte de las discusiones, por la cuota de participación que les corresponde. Tener presente los reclamos de la Provincia de Buenos Aires y los tira y afloje cuando se resolvió transferir servicios a ella y a la CABA, que han reaparecido en estos días
Por su parte, el Gobierno Nacional tendría a su cargo la percepción de los impuestos directos y aduaneros, que por aplicarse sobre la totalidad de la población, deberán ser coparticipables, después de haber cubierto aquellos gastos propios del Gobierno Nacional (Administración Pública, Defensa, Seguridad, Obras Públicas Interjurisdiccionales, Energía, Justicia Federal, Salud y en nuestro caso creo importante incluir Educación , ya que el esquema actual ha sido un fracaso)
De esta forma, tanto el Gobierno Nacional como los provinciales asumirían en forma conjunta la obligación de tener presupuestos equilibrados.
Hay que señalar que una buena parte de la literatura no recomienda el uso del Impuesto al Valor Agregado (IVA) en sistema federales.
En rigor, la doctrina señala que los sistemas políticos federales tienen una regla muy simple sobre tributación: cada administración puede poner impuestos donde le plazca. En Estados Unidos cada estado tiene una estructura fiscal completamente distinta: hay lugares con impuesto sobre renta, otros sin ella, estados con impuestos de propiedad estatal y local, otros sólo local, impuestos de lujo distintos, venta minorista, y así hasta donde a uno le llegue la imaginación. La variedad de tributación es tal que incluso hay ciudades con su propio impuesto sobre la renta o ventas (Nueva York) o tasas separadas para alcantarillado y bomberos.
De optarse por un sistema así habría que mantener cierta estandarización en el papeleo fiscal, y mantener y utilizar la estructura de la AFIP, tratando de buscar trámites ágiles.
Además conduciría a competencia entre provincias para atraer inversores, sin necesidad de recurrir a regímenes desarrollados desde la Nación (promoción industrial, Tierra del Fuego, etc)
Sería una manera posible de empezar a encarar una reforma impositiva, muy difícil desde la perspectiva tradicional y muy respetuosa de la organización federal, consagrada por nuestra Constitución, repetida desde 1853 y en todas las sucesivas reformas hasta la de 1994.
*El autor es Economista y fue Secretario de Política Económica y de Energía

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