El “Reino de España” -que así firma sus tratados internacionales nuestra madre patria- es el país que mayor crece desde hace tres años entre los 28 miembros que integran la UE, incluida Gran Bretaña (aunque la “pérfida Albión” ya está en trámites para dejar de serlo).

Esta denominación de Reino -que a los americanos del siglo XXI nos resulta algo demodé- encierra varias claves que explican las peculiaridades de una Nación singular. Sus 46 millones y medio de habitantes se reparten entre 17 “regiones autonómicas”, que incluye un “país” (el vasco), una “comunidad foral” (Navarra) y un “Principado” (el de Asturias); a las que se les agrega “ciudades autónomas” en África, como son Ceuta y Melilla. La riqueza y problemas de esta diversidad regional ha recorrido toda su larga historia y ahora, superados los terribles años del terrorismo etarra que pugnaba por el separatismo vasco, es el status de Cataluña lo que más preocupa y divide a la clase dirigente española. Una cuestión compleja que dará mucho que hablar durante los próximos meses. Se mezclan allí asuntos tanto pragmáticos como sentimentales que terminan reflejándose en temas políticos (los catalanes han estado por décadas votando alianzas de partidos locales, muchos de ellos con raíces republicanas); económicos (aportan más al Estado de lo que reciben); culturales (no pocos dicen sentirse tan diferentes a los “españoles” como de sus vecinos franceses) y por supuesto, históricos (controvertidos y de muy larga data).

A todas vistas, las pretensiones independentistas que se alzan desde la Generalitat de Barcelona es el principal escollo político que este año deberá enfrentar el gobierno “de derechas” de Mariano Rajoy.

Los que hoy gobiernan Cataluña tienen su propia hoja de ruta y no les importa demasiado saltarse a la torera (aunque en su territorio estén prohibido los toros) cuestiones básicas de respeto al Estado, como es el de convocar unilateralmente plebiscitos sobre asuntos de soberanía, algo expresamente vedado en la Constitución española de 1978.

Sin Cataluña, España perdería una quinta parte de su peso económico, y un 16 % de su población. Lo que la llevaría a restarle representatividad dentro de la Unión Europea, que por otra parte ya dejó caer que no permitiría a Cataluña incorporarse como nuevo país miembro. Nadie sabe bien en este caso cómo se las arreglaría para hacerse políticamente sustentable. En tal galimatías dualista, con repartición de ventajas y desventajas para ambos bandos, lo que se va viendo del Brexit es un mal antecedente para los soberanistas catalanes y un buen ejemplo para los que intentan frenar sus veleidades. Pero ni el fútbol se salva de este final abierto. Porque, aunque Messi no se pronuncie por el independentismo su existencial compromiso con el Barça, llegada la hipotética ruptura de Barcelona con Madrid, le impediría poder jugar en la Liga española y en la Champions League… ¿Qué ocurrirá? se preguntan todos los hinchas. Es tan inimaginable ver un Barça sin Messi como ver a un Messi jugando en torneos tan poco competitivos como los que deberían armarse con el Espanyol, el Gerona, el LLangostera o el Gimnastic de Tarragona… Toda una crisis de identidad: Barcelona y su glorioso futbol puede despedirse sin demasiadas penas a Neymar, pero si quiere seguir siendo lo que supo ser no podrá prescindir del argentino. ¿Cataluña libre bien vale una Copa?

De todo este asunto hablaremos en otro servicio, ilustrando mejor cómo se alinean frente a este conato cesionista las diferentes fuerzas políticas representadas en las Cortes de Madrid. Volvamos a lo que este corresponsal quería compartir con los lectores, la gran noticia con la que los españoles se fueron de veraneo: la sorprendente recuperación económica de su país.

Sin embargo, los datos optimistas no provienen ya de los voceros del Partido Popular sino de una gran variedad de consultoras privadas y de informes de organismos internacionales como el Banco Mundial, la OCDE o del mismísimo FMI que hace unos días le enmendó la plana al propio ministro de economía, elevando en una décima sus anunciadas previsiones: el crecimiento será del 3,1 %. Téngase como referencia que en otros países europeos, como Alemania, el PIB crecerá un 1,8%; en Francia un 1,5%; y en Italia, siempre según el Fondo, un 1,3%. Gran Bretaña, que crecerá a 1,7% es toda una incógnita. El Brexit comenzó a generar planes de éxodo masivo en grandes multinacionales que tenían su sede en la City londinense. Varios operadores ven en Madrid una plaza ideal para recolocar y gerenciar sus activos.

En el informe “Country RepTrak 2017″ del Reputation Institute, consultora especializada en Marca País, sitúa a la popularidad de España en el puesto 13 de todo el mundo, colocándola por delante -valga la redundancia- de países como Alemania, Francia, Reino Unido e Italia. Yendo a lo tangible, España como destino turístico no ha parado de crecer gracias a un montón de buenas acciones que fueron implementándose en los últimos años, como por ejemplo el desarrollo de excelentes infraestructuras, pero también por factores exógenos, entre los que deben contarse la actividad terrorista del yihadismo en países vecinos… El destino ibérico ya superó a EE.UU, y está a punto de sacarle el liderazgo mundial a Francia, si es que se confirma a fin de año que recibió los 84 millones de turistas previstos. Viajeros extranjeros que gastarán unos 90.000 millones de euros en las doradas playas de este reino.

Como señala la OCDE en su informe reciente, si bien la recuperación de España ya es un hecho sigue siéndole difícil conseguir un crecimiento más inclusivo, el cual debería lograrse esforzándose más en reducir el desempleo y que este sea de mejor calidad, a la vez que promover una mayor inversión empresarial para activar la productividad. Actualmente “el paro” esta en torno al 17% tras descender del 24% en el que lo dejó Zapatero.

La izquierda vernácula pinta como un desastre lo que los liberales europeos toman como un modelo a seguir. Los muchachos de Unidos Podemos reclaman “justicia social” aunque transitan horas vergonzantes por las calamidades que padece Venezuela, donde varios de sus dirigentes recibieron “becas” para su adoctrinamiento…

Tiempos de zozobra donde las páginas de los periódicos y las tertulias televisivas se llenan de contenido con los varios casos de empresarios y políticos sin escrúpulos procesados -que ya van recibiendo sus condenas- por estos delitos que a todos indignan.

Hay que decir también que a pesar de la lentitud de la Justicia (como suele suceder en otras partes del mundo) aquí ella es implacable. Finalmente es verdad que llega. Y no se duda en sentar en un banquillo ante Tribunales especiales al mismísimo Jefe del Gobierno o a una hermana del Rey… Pero la indignación general ante la corrupción es lo que mejor explica la aparición de nuevos movimientos políticos que aportan una visión distinta de las cosas.

Una nueva generación de votantes, y de dirigentes en sintonía con ellos, van alejándose cada vez más de las visiones de aquella España “pacata”, o de aquella otra al que el poeta denominaba “de charanga y pandereta”.

Ejemplo de ello es, por un lado, la revolución que está logrando contra los “barones” Pedro Sánchez dentro del “nuevo PSOE” y por otro, el Partido Ciudadanos que lidera el joven Albert Rivera, una especie de Macrón español. Para ser más precisos, parecido al Macrón de dos años atrás, sin todo el sorprendente poder que el nuevo inquilino del Eliseo hoy ostenta. A Rivera le falta mucho para eso.

¿Y cuál es la experiencia que puede sacarse de este país que a un ritmo rutilante va saliendo de una de sus crisis económicas más oscuras luego de la Guerra civil? No son pocos los expertos que ven en ella varias lecciones que servirían para otras economías de la eurozona e incluso más allá de sus fronteras. Mauricio Macri tomó buena nota de estos progresos en su reciente viaje a Madrid y veremos si logra poner en práctica alguna de las recetas que le pasó su colega Mariano Rajoy.

El sentido preciso de esta admirable recuperación española dependerá en gran medida de la opinión que cada uno tenga sobre las causas que provocaron la hecatombe anterior. Pero sean cuales fuesen esos diagnósticos de su previa postración -que no fue solo de España y en la que aún permanecen algunos de sus socios europeos- la buena nueva es que este reino ibérico ha resucitado y goza de buena salud.