Convocados por sindicatos, partidos y asociaciones a paralizar esta región de 7,5 millones de habitantes, los manifestantes -unos 300.000 según la policía municipal- marcharon desde la mañana en columnas, que obligaron a cortar la circulación en diferentes puntos.

“Las calles serán siempre nuestras”, “Adiós España”, “Independencia”, gritaban los manifestantes, en su mayoría estudiantes.

“Creo que esto ya es imparable, la gestión que ha hecho el gobierno de España ha sido horrorosa”, decía a la AFP Albert Auset, informático de 51 años, que acompañaba a sus dos hijas, de 18 y 21 años, ataviadas con banderas independentistas y claveles rojos.

Por la tarde se inició una nueva marcha, en la que decenas de miles bajaron por el céntrico paseo de Gracia. Un grupo se dispersó hacia la sede de la policía nacional, donde se concentró a gritos “Fuera las fuerzas de ocupación” y “asesinos”.

“No soy independentista”, pero “estoy aquí por la violencia que hubo el otro día”, dijo en el Paseo de Gracia Laia Castaño, una estudiante de enfermería de 20 años, que portaba una bandera española junto con dos amigas, a su vez con banderas independentistas catalanas.

Cerca de allí, frente al edificio histórico de la Universidad, había una concentración también con decenas de miles, en la que no faltaba la ironía: “Los pañales y los políticos han de cambiarse a menudo (…) por los mismos motivos”, decía una pancarta.