Por Alejandro Díaz

En el último año y medio, hemos sido testigos del florecimiento de un nuevo paradigma en las relaciones exteriores argentinas hacia el mundo: nuestro país ha sido anfitrión de múltiples foros de negocios y policymaking , al mismo tiempo que hemos recuperado la relación con los principales mandatarios del mundo.

Este reacomodamiento de la agenda internacional guarda estrecha relación con el proceso de normalización de la economía que viene tomando forma desde fines de 2015, pues la necesidad de crecimiento sobre bases sustentables es el eje que dicta en la actualidad nuestra forma de relacionarnos con el mundo.

Sin ir más lejos, en el marco de la visita del presidente Macri a los Estados Unidos, el ministro Cabrera y el secretario de Comercio Wilbur Ross firmaron un memorando con miras a establecer un grupo de trabajo que intercambiara experiencias en materia regulatoria, con el objetivo de adoptar buenas prácticas que permitan diseñar sistemas de normas efectivos para dinamizar la economía, reducir costos burocráticos, potenciar la innovación y la competitividad local.

Espacios de colaboración

¿Por qué resultan relevantes para la Argentina espacios de colaboración como este?

De acuerdo con el Global Innovation Index 2016, Argentina tiene una marcada dificultad para diseñar políticas que promuevan el desarrollo del sector privado, y se ubica en el puesto 124 sobre 128 economías en materia de calidad regulatoria. Cuando las propias reglas de juego no tienen coherencia y chocan entre sí, esto se traduce en gastos de recursos de los que muchas empresas no disponen. Así, este costo de oportunidad se vuelve una barrera infranqueable que limita el potencial de crecimiento y disuade al emprendedor de explotar nuevas ideas.

Trabajo bilateral

Por este motivo, no resulta menor señalar que días atrás se llevó a cabo la primera mesa redonda de trabajo bilateral sobre Coherencia Regulatoria y Pyme en la Universidad Blas Pascal. Participaron funcionarios de nuestra Secretaría de Comercio, del Departamento de Comercio de los Estados Unidos, así como también representantes de grandes empresas y Pyme, con el objetivo de discutir y promover un cambio cultural en la forma de regular las distintas aristas de la vida cotidiana. Iniciativas de este tipo permiten participar en la formación de la política pública, transparentar las inquietudes de todos los sectores y posibilitar la construcción de mecanismos regulatorios efectivos desde el conocimiento que sólo la práctica proporciona.

Institucionalizar estos ejercicios no sólo permite armonizar normas antiguas que chocan con una realidad distinta a la de su creación, sino que permite adoptar cuerpos normativos modernos, compatibles con los de muchas economías, más allá de nuestras fronteras.

Medidas bien direccionadas y coherentes entre sí implican menos barreras al crecimiento y a la creación de un entorno de negocios más favorable para la radicación de inversiones y nuevos proyectos que nos permitan consolidar la proyección del país en un mundo cada vez más globalizado.