El índice anual superó al 2,79% previsto por los operadores del mercado, quienes ya anticiparon un escenario menos benigno para 2018, cuando los precios subirían 3,95%.
La inflación de 2017 quedó solo por encima del 1,65% registrado en 1998, tres años después de la entrada en vigencia del real como nueva moneda brasileña, cuando se inició la serie histórica actual.
Y es la primera vez desde que comenzaron a fijarse metas inflacionarias que el incumplimiento es hacia abajo.
La marca de 2,95% es inferior al piso de 3% establecido por el Banco Central del Brasil, cuyo centro era de 4,5% con un margen de tolerancia de 1,5 puntos porcentuales en ambos sentidos.
Según las normas brasileñas, cuando la previsión queda fuera del rango estimado el presidente del BCB debe redactar una carta al ministro de Hacienda explicando las razones del fallo.
El 2017 estuvo signado por una caída de los precios de los alimentos, de la mano de una cosecha récord que está proyectada oficialmente en 241,9 millones de toneladas.
“Esa situación llevó al consumidor a pagar menos por los alimentos que el año pasado. Es la primera vez que ese grupo registra una deflación desde que se implementó el Plan Real”, dijo Fernando Gonçalves, gerente del Sistema Nacional de Índices de Precios al Consumidor del IBGE.
Los precios de los alimentos cayeron un 1,87% en 2017. En contrapartida, los gastos de salud subieron un 6,52%; los de transporte un 4,1% y los de educación un 7,11%.
La mayor economía latinoamericana salió el año pasado de una de las peores recesiones de su historia moderna, con dos contracciones consecutivas de su PIB de 3,5% en 2015 y 2016. En los primeros nueve meses del 2017 la economía creció 0,6% interanual y las previsiones indican que el año cerrará con una expansión de 1,01%.
Para 2018, el sondeo del BCB indica que el PIB aumentaría 2,69%.
La desaceleración de los precios mantuvo al indicador lejos del registro de 6,29% de 2016, y aún más del 10,67% anotado el año precedente, lo que abre espacio para que el BCB mantenga su política de recortes de la tasa de referencia.
La entidad rectora del sistema financiero ya anticipó posibles nuevas bajas desde el actual mínimo histórico de 7% con la idea de alentar el consumo y la inversión.
Pero la aceleración de los precios al consumidor en el último mes del año pasado podrían ser la señal de largada de las predicciones menos optimistas de los analistas para 2018, año que estará marcado por un proceso electoral de final incierto.
En diciembre pasado la inflación fue de 0,44%, contra un 0,28% de noviembre. Y esa aceleración fue impulsada por los alimentos, que cortaron una racha de siete meses en baja para saltar un 0,54%.
“[La inflación de 2018] debe subir un poco, en el entorno de 4,3% o 4,4%, porque la ayuda que hubo en 2017 del sector de alimentos ya no va a estar. La súper fase agrícola ya no estará este año. La alimentación tuvo deflación durante varios meses porque la oferta creció por una cosecha agrícola grande”, dijo a la AFP Margarida Gutierrez, economista de la Universidad Federal de Rio de Janeiro, en una entrevista reciente.