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Gracias a Riquelme, en Boca Macri perdió su último bastión

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Gracias a Riquelme, en Boca Macri perdió su último bastión

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Juan Román Riquelme estaba cómodo en su casa, comiendo asados con sus amigos de toda la vida, viendo fútbol y jugando «picados«, pero eligió salir de la zona de confort y bajar al barro político, en una jugada clave para que la lista que compartía con Jorge Ameal y Mario Pergolini le ganara al oficialista Christian Gribaudo, en lo que significó el corte de una hegemonía de veinticuatro años de macrismo en Boca.

El ídolo escogió el camino más difícil: pudo haberse quedado mirando los comicios desde afuera con la tranquilidad de saber que el que ganara lo iba a convocar para un lugar dentro del fútbol de la institución, ya que él había anunciado que tenía ganas de volver a participar activamente.

Sin embargo y luego de escuchar también al otro candidato José Beraldi, decidió ser candidato a vicepresidente de Jorge Amor Ameal, quien había sido derrotado en los comicios pasados por el saliente Daniel Angelici, ya que no se había logrado la tan famosa «unidad» que él pidió por televisión.

Si bien el propio Ameal repitió al unísono que «Román va a encargarse del fútbol«, durante la campaña lo que menos hizo fue eso y sin dudas eso fue un acierto.

Ante cada embate del oficialismo, que dio a entender que pidió dinero para ser parte de ese espacio, él se encargó de bajar al barro político y pedirle a los socios que lo acompañen porque «el que es bostero de verdad no puede votar a los que están ahora«.

Con la habilidad que tuvo siempre para manejar a los medios de comunicación y consciente del peso de su palabra, se encargó de gritar a los cuatro vientos que la gente vaya a sufragar de manera masiva y que lo hicieran temprano.

Si bien no lo dijo públicamente, Román y su gente tenían el dato que la conducción saliente prefería una elección con bajo número de asistentes ya que eso, ya que confiaban en que las peñas del interior (habitualmente vinculadas a los oficialismos) pudieran hacer diferencias.

Conocedor del patio de su casa, como él mismo definió a la Bombonera, sabía que si iban pocos socios a las urnas, Gribaudo podía lograr un triunfo.

Tal como hacía en la cancha, Riquelme jugó hasta el último minuto su partido: el propio día de la votación, cuando el resto de los candidatos mostraba un discurso más conciliador, él se encargó de marcar que al inicio se había «caído el sistema, faltaban sobres y hasta que le rompieron ruedas a los micros que traían gente del interior«.

Incluso, hasta pidió públicamente que Mauricio Macri, que «es tan bostero» como él, se acercara al lugar para garantizar que todo transcurra con normalidad.

Por tal motivo, los 38.363 votantes que significaron un récord terminaron inclinando la balanza para que Ameal consiguiera un 52,84 por ciento que se colocó lejos del 30,60 del candidato del oficialismo.

La oposición ganó por poco margen en los votantes del interior y el exterior, perdió en la rama vitalicios, se impuso por amplio margen en las damas e hizo la gran diferencia con los socios activos, que representan el 56 por ciento del padrón: de setenta y dos mesas, se impuso en todas menos dos y lo hizo por amplio margen.

Con este resultado, el macrismo fue derrotado después de haber gobernado el club durante veinticuatro años y Riquelme, ahora sí, ya podrá a encargarse del fútbol: mientras se espera que anuncie quién reemplazará a Gustavo Alfaro como entrenador, ya trascendió que viajará el 17 de este mes a Asunción para el sorteo de la próxima Copa Libertadores.

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