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La fórmula presidencial del Frente de Todos tuvo un cierre multitudinario en Rosario

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La fórmula presidencial del Frente de Todos tuvo un cierre multitudinario en Rosario

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Alberto Fernández y Cristina Kirchner hablaron media hora frente a una enorme masa heterogénea, que los organizadores estimaron en 80 mil personas, con participación de organizaciones pero de muchos ciudadanos autoconvocados, en un acto que le puso el broche a la campaña.

Con el Monumento a la Bandera totalmente iluminado de fondo, se desarrollaron los discursos de los dos únicos oradores, los candidatos de la fórmula. El resto de la dirigencia, aspirantes al Congreso y a la gobernación de algunos distritos, se ubicaron en un palco adyacente al escenario principal.

Comenzó Cristina, que se subió bailando un tema de Fito Paez. La multitud en tomaba el ya clásico «vamos a volver», y el novedoso “se siente, Alberto presidente”. Hubo gente emocionada hasta las lágrimas.

La ex presidenta desplegó toda su capacidad de oratoria conocida. Jocosa, con un gran dominio del público, caminó la pista de un lado a otro mientras decía que su objetivo es “que los argentinos vuelvan a ser felices”.

Al mismo tiempo que destacaba los logros de los gobiernos kirchneristas, lanzaba dardos contra el gobierno de Cambiemos, que definió como “esto tan feo que estamos viviendo”.

Cuando criticó, Cristina fue implacable, pero intentó mostrarse por momentos medida y conciliadora, y hasta retó a la militancia cuando insultó al presidente. “Quiero pedirles que no peleen y hablen”, les encomendó con modos de madre. También intentó darle volumen a la construcción de unidad que hizo el peronismo para estas elecciones. Y agradeció el amor de sus seguidores, que no pararon de gritarle muestras de cariño durante toda su intervención.

En su discurso, Alberto Fernández tuvo una actitud que buscó ser la contracara a la que viene expresando el presidente Macri, que en el cierre porteño de este martes en estadio de Ferro no ocultó su enojo. Acaso de manera deliberada, el ex jefe de Gabinete de Cristina Kirchner se mostró relajado y «muy alegre por estar acá con todos ustedes». 

Además de hacer un repaso por la situación económica, el empleo y la desocupación, Alberto prometió sacar el país adelante en el primer semestre priorizando la salud, el trabajo, la educación y la ciencia, por encima de los bancos y las Leliq, dos temas que le generaron un inicial impacto negativo y que en el entorno del candidato creen que logró revertir. 

Tan distendido estaba Alberto, que incluso se animó a jugar con las promesas semestrales, que escaldaron a Macri. «Nos dicen que hay que soportar este presente porque tenemos un mañana venturoso. No sé cuántos semestres pasaron esperando que alguien traiga lo que nunca llegó. ¿Cuántos semestres más tenemos que esperar?», dijo.

«Nosotros, el primer semestre que gobernemos, vamos a cambiar la Argentina, porque la suerte va a depender de nosotros. No vamos a estar esperando que alguien venga a invertir lo que nunca trajo. Nosotros vamos a ser los que recuperemos las fábricas y dar trabajo», agregó.

Alberto reconoció que a fines del 2017 era difícil imaginarse un escenario tan competitivo como el actual y recordó: «Nos había pasado lo que le pasó a muchos argentinos, que la política nos había distanciado. Y un día nos dimos cuenta que nuestra distancia sólo había favorecido que se instale en la Argentina esta realidad penosa». Fue acaso una referencia no sólo a su reconciliación con Cristina sino también al entendimiento con Sergio Massa, que acompañó a Alberto en buena parte de la jornada, pero se hizo un tiempo para almorzar con los dirigentes del Frente Renovador de Santa Fe.

«A mí no me ponen vallas que me separan de ustedes, las vallas las tienen los que no pueden acercarse a la gente» fustigó Fernández que sin atril y con un micrófono vincha se paseaba por el amplio escenario.

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