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Tiempo de financiar el cambio climático y la agenda del desarrollo sustentable

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Tiempo de financiar el cambio climático y la agenda del desarrollo sustentable

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por Fabián Ruocco, Director Ejecutivo CEDyAT

La visión de CEDyAT es colaborar en la construcción de una estrategia que asegure “tanto mercado como sea posible, y tanto Estado como sea necesario”. Esa es la base para financiar un camino “envolvente” de crecimiento verde. 

Calificamos como «envolvente» porque la realidad ambiental no está abordada por nuestros expertos como una preocupación sectorial más, sino como una estrategia para que todos los sectores adopten prácticas verdes de generación de valor agregado, con el fin de que el crecimiento sea económico, social y ambientalmente sostenible de modo que sea capaz de responder de manera práctica a la mejor forma de hacer las cosas.

Aún cuando las iniciativas en materia de mitigación consigan limitar el calentamiento climático con respecto a los niveles de la era preindustrial, los países en desarrollo continuarán enfrentándose a los efectos del cambio climático, como el aumento del nivel del mar, cambios en las precipitaciones y la mayor incidencia de fenómenos meteorológicos extremos. Por consiguiente, los países en desarrollo necesitan financiación adicional para adaptarse al cambio climático. Asimismo, necesitamos financiación para las medidas de mitigación, como tecnologías limpias y el fomento de la capacidad individual e institucional. 

Esto no implica que no hay oportunidades de inversión. Al contrario, la brecha es tan grande que la Iniciativa Financiera del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente estima que la transición a economías bajas en carbono y resilientes al cambio climático necesitará inversiones de al menos 60 billones de dólares, desde ahora hasta 2050. Como punto de comparación, el valor de toda la economía global en 2017 era de 81 billones de dólares. 

Inversiones verdes que permiten cambiar la matriz productiva y energética del país con tecnologías renovables que contribuyen a un crecimiento ambientalmente sostenible requieren claramente contar con la identificación y focalización de acciones concretas en los territorios.

Eso se logra como resultado de la combinación de cuatro dimensiones analíticas de diagnóstico y priorización estrictamente vinculadas. La primera es una metodología de identificación de brechas en infraestructura de transporte, vivienda, agua potable, educación, salud y capacidad institucional territorial, basada en las tipologías de municipios y las regiones que conforman las provincias  del país; la segunda es la caracterización eco-regiones de las dinámicas e incidencia de los recursos naturales en el territorio nacional; la tercera ha de propiciar la articulación de los diferentes centros urbanos y la configuración de corredores urbano-rurales; y la cuarta se produce en la identificación de las zonas ambientalmente estratégicas que representan la riqueza natural del país, de cuyo uso adecuado dependerá la sostenibilidad del desarrollo.

“En el tema de la inversión sostenible, la mejor forma de asegurarte que en lo que inviertes cumple con los objetivos ambientales es a través de los bonos verdes”, dice Diego Flaiban, oficial líder de inversión de BID Invest, el brazo de inversión en el sector privado del Grupo BID.

El interés por los bonos verdes ha crecido de manera exponencial. En 2012 se emitió un volumen mundial de 3 mil millones de dólares; en 2018, el volumen de emisión aumentó a 167 mil millones de dólares. El Grupo BID ha jugado un rol crítico en fomentar su crecimiento en América Latina y el Caribe. Desde hace 5 años, apoyan a los bancos de desarrollo de Argentina, Uruguay, Brasil, Colombia, Ecuador, México y Perú a diseñar y emitir bonos verdes en sus mercados locales.

“Nosotros participamos desde el momento cero en la estructuración hasta el momento de la compra del bono”, dice Sandra Reyes Correa, oficial líder de inversión de BID Invest. “La participación del BID realmente es de un promotor, un estructurador y un comprador de estos bonos. Estamos en todo el proceso y queremos realmente seguirlos promoviendo en la región”, dice. 

La Agencia Internacional de la Energía (IEA) estima que las inversiones en energías limpias deberían ascender a 36 billones de USD hasta 2050 (alrededor de 1 billón de USD al año) para reducir las emisiones de carbono en un 50% en comparación con los niveles de 2005, y limitar el aumento de la temperatura global a 2° Celsius. Por otro lado advierte que  las redes de transmisión y distribución. Los precios de la electricidad residencial aumentan en casi todas las regiones, en parte debido las variables de los precios de los combustibles fósiles.

En este contexto, Argentina tiene una ambiciosa meta por delante, acorde a los estándares de la ley nacional aprobada en 2015 fijó como objetivo que el 20 por ciento del consumo eléctrico nacional provenga de fuentes limpias para 2025. Para lograrlo, la Secretaría de Energía de la Nación lanzó una nueva ronda licitatoria, donde inversores locales y extranjeros pudieron presentar sus proyectos de generación de electricidad a través de tecnologías eólica, solar, biomasa, biogás y pequeños aprovechamientos hidroeléctricos (PAH).

Con el fin de seguir acompañando estos esfuerzos, el Banco Mundial firmó un segundo acuerdo de garantía con el gobierno argentino por hasta U$S 250 millones. Específicamente, la garantía protege de incumplimientos contractuales a aquellos subproyectos del programa RenovAr2 que así lo solicitaron. La implementación de este convenio facilita la inversión privada, al reducir el riesgo financiero de los inversores y fortalecer el nuevo mercado de energía renovable en Argentina.

Independientemente de cuál sea la proporción real, es evidente que el sector privado sobrepasa al sector público en términos de la escala de la financiación proporcionada. Sin embargo, la financiación pública y la normativa pública desempeñan un papel importante en la optimización y la configuración de las inversiones privadas. 

El CEDyAT acompaña esta iniciativa con conocimiento socioambiental y tecnológico que permiten realizar la transición energética y así mitigar el cambio climático. Tal es el caso del Programa «Delta Sustentable Entrerriano» realizado con el BID. La realización del Estudio de Impacto Ambiental de la Extensión de Vida de la Central Nuclear de Embalse en la provincia de Córdoba que genera energía limpia para 3,5 millones de habitantes. Así se va logrando la generación de innovaciones gracias a la colaboración multidisciplinaria de diversos actores con diferentes niveles de experticia dispuestos a acompañar los procesos hasta que alcancen éxito. Junto con ello se obtiene ademas la consolidación de paquetes tecnológicos y modelos productivos sustentables en las diferentes provincias.

Nuestra relación con los recursos naturales en el pasado no determina nuestro futuro. Sabemos que siempre podemos hacer las cosas de mejor forma. De tal manera que generemos mejores posibilidades a los argentinos de hoy de las futuras generaciones. Ese es nuestro desafío histórico en los umbrales de la tercera década del siglo XXI.

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