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Lula quedó a las puertas de la cárcel y Brasil se acerca peligrosamenta a la inestabilidad política

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Lula quedó a las puertas de la cárcel y Brasil se acerca peligrosamenta a la inestabilidad política

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El ex Presidente y líder de la izquierda brasileño, Luiz Ignacio Lula Da Silva, podría ser detenido la próxima semana, cuando su defensa agote sus últimos recursos, luego de que por 6 a 5, los jueces del Supremo Tribunal Federal (STF) rechazaron el recurso de habeas corpus que sus letrados habían interpuesto para que conserve la libertad hasta agotar los cuatro grados del sistema jurídico brasileño.

Luego del fallo del Tribunal Supremo de Brasil, el Partido de los Trabajadores divulgó una nota oficial con el título “Un día trágico para la democracia y para Brasil“, en donde afirma que la Constitución del país “ha sido lastimada” por la decisión del Tribunal. “No hay justicia en esta decisión. Una combinación de intereses políticos y económicos contra el país y su soberanía, contra el proceso democrático, contra el pueblo brasileño”, redondeó el PT, que llamó a defender al líder sudamericano.

Los mercados, que en los últimos días daban señales de inestabilidad ante la posibilidad de que Lula pudiera apelar en libertad su condena a más de 12 años de cárcel, respirarán probablemente aliviados. A su vez se alejan los llamados a un nuevo golpe de Estado si Lula quedaba en libertad, formulado por importantes jerarcas militares.

El presidente conservador Michel Temer y muchos de sus aliados deberán evaluar si lo que ocurrió los librará sobre todo de un rival político de talla o, más bien, los dejará más expuestos a los fiscales y jueces de la Operación Lava Jato.
Esa megainvestigación desvela desde hace cuatro años una gigantesca red de sobornos en Petrobras, que salpicó prácticamente a todos los partidos y a empresarios de primer plano.

Lula, de 72 años, fue condenado en enero pasado por un tribunal de apelación a 12 años y un mes de cárcel por recibir un apartamento de lujo de una constructora involucrada en esa trama, departamento que no figura como de su propiedad y que nunca habitó.
El que fuera el presidente más popular de la historia reciente de Brasil, aclamado internacionalmente por sacar de la pobreza a millones de brasileños, siguió el debate en una sala del Sindicato de Metalúrgicos en Sao Bernardo do Campo, cinturón obrero de Sao Paulo. Y avanzada la noche regresó discretamente a su departamento en carro, en la misma localidad.

El Partido de los Trabajadores (PT), que Lula cofundó en 1980, prometió defender en las calles y ante todas las instancias su candidatura presidencial “hasta las últimas consecuencias”.
El Movimiento de los trabajadores rurales Sin Tierra (MST) se sumó a las críticas en Twitter: “No es solo a Lula al que quieren arrestar, sino también el sueño de un país más justo. Jamás lo permitiremos. La lucha continúa”.
Pero también hubo fuegos artificiales y festejos en Brasilia de los detractores de esta figura que divide profundamente a los brasileños y que fue considerado como el “comandante máximo” de la red de corrupción en Petrobras por el jefe de fiscales de la Operación Lava Jato.
El PSDB del exmandatario Fernando Henrique Cardoso, que perdió las últimas cuatro elecciones que disputó contra el PT, emitió un comunicado firmado por su líder en la Cámara baja, Nilson Leitao: “El expresidente no está por encima de la ley, sino al alcance de ella como todos los brasileños. Una decisión en sentido contrario frustraría a la sociedad y sería un retroceso en el combate a la impunidad”.
Pero incluso si Lula evitara la cárcel, su candidatura seguiría en jaque porque la justicia electoral impide postularse a condenados en segunda instancia.
¿Cómo afectaría la ausencia de Lula en las elecciones del gigante latinoamericano?.
Ante esa posibilidad cada vez más plausible, los analistas anticipan los comicios más inciertos desde la vuelta de la democracia en Brasil en 1985 e incluso se aventuran riesgos sobre la estabilidad política al ser visualizado los hechos como una proscripción.
El diputado ultraderechista Jair Bolsonaro, segundo en intención de voto según las encuestas, aún no se pronunció sobre el fallo del Supremo pero sus seguidores sueñan desde hace meses en ver a Lula entre rejas.

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